ANATOLE ESTUDIO

DERNIER BAISER NOIR NOUVELLE (Buenos Aires, 2002-2007)

ACEFALÓSTOMO
                               
Desde el fondo de un corazón muerto,
Abscisión inconclusa de una palabra:
Sed-i-miento,
Substancia negra lechosa segregada del verbo;
Del animal viscoso de álamo negro al vacío hastío del idioma cancerbero,
Alcanza los gemidos roídos del esperma,
Boca enferma de un texto acefalóstomo.

Aire sucio y gastado, susurros travestidos a silencio;
Pasillos estrechan su mirada.
Estas palabras se escriben en polvo:
Abrenunciación parodia el desencuentro
De otros dos momentos en vano;
Espejos cóncavos dilatan sus lamentos,
El estigma:
Abiosis de la expresión por esta carne sutil y engañada;
El silencio entre dos vidas.

Esas bocas de graves maquinarias,
Transfiguración de evangelios negros.
Sus palabras son fantasmas,
Bocas sin labios en labios desiertos
En sus manos bebiendo los roces funestos;
Se estremecen y danzan los sexos,
Languidecientes de tanta hemorragia verbal.

Me retuerce la muerte de pensar en llorar
Por no tener más fuerza que agonía,
La vista desgasta los ciegos, las hojas;
El viento traduce lamentos:
Movimientos sin movimiento hambrientos de bestias,
El clítoris negro del cristo diablo.

El no verbo sin sexo inaudito,
No veré tu rostro sí gemidos.
Viacrucis ciego de roces y secretos.
La tristeza me desnuda, haré el amor llorando;
Por favor cierra tus ojos...

La boca hambrienta, diminuta y oculta del sexo
Como él, fuego entre mares de cascadas de brazos;
Besos y un último cigarrillo antes de partir.

Sanguíneo aliento y guineo mis ojos a sus párpados y pétalos.
Sobre su boca descarnada y su perfume labial:
Respiro en el agua turbia,
Imagen de otra imagen despedida sin recuerdos.

Toda esta tristeza acompañada de puñados de manos sin placer,
Sin mirada ni deseo; de caricias ahogadas en su sed.
El negro cuchillo exalta los gemidos de ser fuego o sombra,
Alabanzas y avalanchas de deseos enfurecidos en su fuego
Sabiendo que mis manos ya están del lado de los muertos.

Me introduzco en su lecho obscuro
Rozando mi cuerpo con sus sábanas expectantes,
Fulgurantes cenizas ardiendo la piel, desnuda de ropa y temores,
Su pequeño sexo suspirante se retuerce a mis labios;
Levanta su cola húmeda lamiendo la sabia de su lecho carnal,
Triángulo de virgen maría, besaré la sombra que producen:
En labios entrañas, hablaré en su lengua de orgasmos;
Escucharé somnoliento.

La materia se retuerce entre pausas rítmicas dilatadas:
Silencio, grito y gemido; observo serio.
Su boca pronuncia mi propio sexo ausente;
Sus palabras caen al tiempo que los músicos marcan el ritmo,
Me aferro a sus pechos como la última noche
Y avanzo,
Con la tristeza de no encontrar tu rostro.
El camino que recorren mis manos
No saciarán la sed, abatida de desencuentros.
Marcaré la piel con mi sed y mi descontento.

No miento:
La materia densa que escupe mi sexo
Son olas violentas de agonía,
Movimientos salvajes desencadenados
En un mar de fuego olvidado.
Desearía encontrarte más allá de las lágrimas...

(Marzo 2007)

 

TEXTO CURATORIAL

DBNN narra en imágenes la historia de Dernier. Es este personaje, creado e interpretado por Anatole, un  detective que en su afán por elucidar un caso termina formando parte de los mismos crímenes que investiga.

Todas las imágenes, tomadas entre los años 2002 y 2007, fueron realizadas en serie subrayando el carácter narrativo de las mismas.
El uso casi exclusivo del blanco y negro, los fuertes contrastes y el recurrente registro de cuerpos desnudos e inertes hacen que las fotografías parezcan haber sido tomadas en secreto. La lente de la cámara se vuelve, así, el testigo silencioso de un crimen.

Cada una de las fotografías que reúne el proyecto ha pasado por un exhaustivo proceso de producción. Inicialmente las escenas que registran las imágenes surgen como poemas o relatos. Partiendo de la literatura, Anatole realiza una serie de storyboards en los que traduce gráficamente los núcleos de la historia.
Luego, basándose en éstos, se dedica a buscar locaciones, producir escenografías y vestuario. Cada uno de los ementos que compone la imagen ha pasado por la mano del artista, quien modifica, pinta, desarma, transmuta y dispone los objetos, en un proceso que él mismo define cercano a la Alquimia. El hecho de que Anatole mismo decida encarar a Dernier acentúa aún más este proceso.

Delante y detrás de la cámara, a un mismo tiempo parte y testigo del crimen, Anatole indaga en el difuso límite que separa el erotismo de la muerte, el escaso margen que distingue a la belleza de lo siniestro.

*texto curatorial escrito por María Sol Rossi para la muestra “Máquinas Desnudas”, 2007.

 

ALGUNAS RESEÑAS SOBRE DERNIER BAISER

PROCESO ALQUÍMICO EN TRES ACTOS, O COMO SOBREPONERSE A UN CORAZÓN ROTO

Una herida de amor llevó a Anatole a infiernos tan oscuros que para sobrevivir, decidió crearse un alter ego: Dernier, el detective, a través del cual inició un viaje iniciático por lugares recónditos (“Desde el fondo de un corazón muerto...”) y se sumergió en rituales sexuales donde se enfrentó uno a uno con insospechados fantasmas (“...Movimientos hambrientos de bestias, el clítoris negro del cristo diablo”).

El joven artista trabaja desde hace varios años en este proyecto performático en el que interactúan la fotografía, la escritura y la música. Además de las alusiones a El almuerzo desnudo de William Burroughs, el universo de Anatole está regido por la relación del hombre y la máquina, y del hombre y el trabajo.

En Espacio Ecléctico se exhibe a partir de marzo la foto instalación Máquinas Desnudas, donde Anatole, protagonista y fotógrafo, cómplice y detective, despliega su arte en clave de policial negro de la década del cuarenta, con toques expresionistas, en un recorrido a través de ceremonias orgiásticas que lo conducirán finalmente a la liberación.

*por Julieta Escardó para la revista Llegás a Buenos Aires, 2007.

 

En su obra, analógica y ‘anatolia’, Anatole opta por trabajar con la mayor libertad y naturalidad posible, despojado de sofisticaciones técnicas para evitar así distanciamientos y apegarse constantemente a su propia intuición y sensibilidad.

Anatole crea admirables atmósferas basadas en su refinado trabajo de composición, acertado uso del color y el blanco negro, perfecto uso de la iluminación para mostrar y ocultar a su gusto – el halo de misterio que provocan los elementos no descubiertos del todo –, los grandes contrastes, las perspectivas inusuales, los movimientos captados con tanta tensión y teatralidad, los elementos constantes de su obra – trajes, cigarrillos, teléfonos, diarios, cuerpos desnudos pintados, suelos damero, habitaciones de hotel antiguo, laberintos de escaleras interminables, espejos obscuros, etc. – . En su obra todo está justificado: el espectador tiene la ineludible sensación de estar en un relato a través de cada imagen, y el recurso fotográfico de secuencias produce una diversidad total de mensajes. Son escenas perfectas, llenas de misterio y belleza.

Anatole sorprende y enamora a través de sus ojos: la actitud de la mirada de su obra es un equilibrio perfecto entre obscuridad y luz, de pasión con inocencia.