ANATOLE ESTUDIO

DIABLOS CHULOS, banda de rock surgida del barrio porteño San Cristóbal, forjó su carrera fiel a su propuesta de shows altamente enérgicos, una estética despojada y un sonido fresco.

Años atrás comenzaba a gestarse la semilla de lo que tiempo después sería DC: Federico Chulo (voz, guitarra) y su compañero de escuela, Anatole (batería), ya habían editado juntos un par de producciones independientes y realizaron algunas giras por Latinoamérica.

Al poco tiempo y en el transcurso de siete años, Federico vivió en Londres, donde formó la banda My Juliette y, en 2004, realizó el single Wishes producido por Gordon Raphael (productor de The Strokes).

Su EP debut Crying Ocean - acompañado nuevamente por Anatole, ahora en la parte visual - se editó en Diciembre de 2006 a través del sello Pink Onion Records (dirigido por Jonathan Gems, guionista de varios films de Tim Burton) y distribuido por el sello Rough Trade. Además, presentó su banda en más de un centenar de shows por toda Inglaterra que lo llevó a abrir para la banda Babyshambles.

Durante esos años Federico y Anatole siguieron reuniéndose esporádicamente, hasta que en Diciembre del 2007, estando Federico de viaje por Buenos Aires, decidieron volver a tocar juntos. Con el ingreso de dos viejos amigos, Juan Braver en guitarra y Hernan Des en bajo, forman LOS CHULOS. Juan Braver (El Bambi) recien habia regresado de Los Ángeles donde estudiaba guitarra, mientras que Hernan Des militaba en la escena local porteña con su banda de culto The Warriors.

En Enero de 2008 Los Chulos graban su primer EP, Buenos Aires Town, editado a través del sello inglés Pink Onion con publishing de EMI.

Con una propuesta más cruda y temas de carrocería rockera la banda tomó influencias del punk, el reggae, el Glam de los 70's y el rock Stone, evocando el estilo de bandas como The Clash, The Stooges, The Doors, Bowie, y Los Rolling Stones para nombrar a algunos.

Debutan en la galería Appetite a sala llena, y a los pocos días tocan como banda principal en el Konex. Al poco tiempo tocan en el ciclo Compass en Niceto, La Cigale, Podestá, War Club y la Casa donde vivió Luca Prodan, entre otros.

En Agosto de ese año cambian su nombre por DIABLOS CHULOS. Meses después tocarían en un show inolvidable (Galería Appetite), en el marco de la fiesta que se organizaría para la banda Placebo (post-show), que estaba de visita por la Argentina y pudo presenciar la presentación en vivo de Diablos Chulos.

Entre Julio y Diciembre de 2009 se realizan las sesiones de su primer larga duración San Cristobal. Producido por Diablos Chulos y Esteban "Pichu" Serniotti (Cabezones / Catupecu Machu) en estudio Pichuatl y mezclado en Panda, el disco sale a la venta a través del sello Prorockova Records, EMI publishing. Distribuido por AF Classic.

El periodista Santiago torres, de Radio Uno, destacó en su programa ‘Los Number One’: “hoy hay pocas bandas que te llegan como lo hace Diablos Chulos...”. Por su parte, el periodista de Clarín Guillero Santos Coelho definía así el primer disco: “¿Cuáles son las semejanzas y distancias entre un Pete Doherty, ex Libertines, y el autóctono Pity? Con canciones crudas de tres minutos, y una deuda explicitada con el postpunk del siglo XXI, Diablos chulos se muestra en San Cristóbal, su disco debut, como el eslabón perdido, musicalmente hablando, entre los dos maestros del reviente.”

Sin perder la influencia anglosajona, Diablos Chulos buscó un sonido más autóctono, ahora con letras en castellano, atrayendo nuevo público adepto a la arenga popular de grupos argentinos como Sumo o Viejas Locas. Los recitales se convirtieron en una marca registrada, quebrando la línea entre el público y la banda, derivando en situaciones de locura y caos tal cual sucedía con la escena punk de fines de los 70.

San Cristóbal es un tránsito por las experiencias mas intensas de los Chulos, manifestando en sus letras realistas y claras los altibajos de lo cotidiano. Una búsqueda romántica de un sueño hecho pedazos. Es la desdicha y la fiesta en un solo lugar. Una guerra de guitarras afiladas al servicio de las canciones. Es diversión por sobre todo y puede resultar altamente adictivo.

A mediados de 2011, la banda se reune en una casona antigua para grabar su siguiente disco de manera independiente, apelando a una tremenda mística viceral. Lejos de apelar a la idea de la “locura” convencional, en Once de terror todo tiene sentido, todo es real, y termina siendo coherente con el universo que rodea a quienes lo construyen.

Once de terror surge a partir de un juego de guitarras acústicas e improvisaciones sobre ideas puntuales y directas. Es decir, en torno a un esqueleto, previamente armado - siniestro de letras punzantes y por momentos irrespetuosas - se dio lugar al vértigo que produce tocar sobre el vacío para darle cuerpo. Cuando ese vacío se llenó, el plano acústico pasó a formar un colchón y se sumaron texturas de guitarras corrosivas, psicodélicas, garage y finalmente se acoplaron la batería y la percusión.

El resultado fue sorprendente hasta para los propios músicos ya que conceptualmente no esperaban que por momentos el disco acariciara las bases del “rock duro”. Se logró combinar texturas sonoras, manejar los altos y bajos, los humores como si correspondieran a la personalidad de un ser común y corriente, pasando los malestares y las excitaciones que trae el hecho de existir.

En los momentos bajos alcanza una delicadeza comparable a la de Leonard Cohen, Nico, o hasta el propio Nick Drake. No obstante no es un disco existencial! Esta cargado de humor e ironía; un laberinto de palabras y frases que el oyente deberá interpretar y descifrar a su criterio.

Once de terror es un ritual de recuperación, un manto de misticismo y un musical tragicómico. Se escribió desde el fango pero mirando a las estrellas. Se desprende puramente del alma y cuerpo de sus compositores y es un regalo honesto para el que quiera transitar un paseo diferente por la música.

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